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miércoles, 7 de agosto de 2013

Tomás Basail Serpa el hombre de las leyendas fue un patriota.

Cuentan que cerca del barrio de Guata, donde el río tiene 
su mayor profundidad, en donde la naturaleza se revela
 en todo su esplendor, la corriente se precipita en un hondo
 charco que está habitado por un monstruo que devora a 
todo el que se bañe en él, dejando como único indicio 
                                                                                                un reguero de sangre en la superficie.

Tomás Basail Serpa fue periodista, escritor, novelista y patriota sagüero, quien nació en esta ciudad el 23 de Diciembre de 1853 .
A los 16 años de edad, durante la guerra de 1868, fue preso por su agresividad patriótica en sus escritos. Conspiró con Martí en la junta re
volucionaria en los Estados Unidos, desempeñó importantes encomiendas con “Alfredo Figueroa”, “José Arcadio”, “Enrique Figueroa” y “Francisco Peraza”. El 25 de septiembre de 1895 desembarca en Sagua y es denunciado y preso en la fortaleza de La Cabaña y después deportado a la Isla de Pinos.

Al decir de los que le han visto, mezcla de hombre
y de mono; con garras muy poderosas, dientes afilados, 
piel lustrosa sin pelo. También decían y aún hoy se dice, 
que los jueves y viernes santos es cuando sale de entre
 las aguas a calentarse al sol, y que persona que viera,
caía en sus garras para siempre.

Cuando termina la guerra regresa a Sagua.  Fue administrador de la aduana de Isabela.  Fundador del Partido Liberal en Sagua la Grande. Se muda para La Habana y dirige la aduana allí.  Muere el 7 de agosto de 1916. Publica los libros: “En poder de los españoles”, “El océano selín” y “Estampas sagüeras”, en este último, publicado en 1910 es donde se habla del nombre Cocosolo, el Charco del Sábalo, y la formación del barrio La Gloria.
Aunque los años han pasado, de cuando en cuando
oímos esta leyenda narrada por algún anciano, 
la leyenda del Güije.

viernes, 8 de mayo de 2009

La poza de la vieja trabuco

Especialista: Raúl Villavicencio Finalé
Si la leyenda anterior tenía un halo trágico y horroroso para la de hoy les contaré una muy jocosa, la leyenda de “la poza de la vieja trabuco”, proveniente también del pasado histórico del poblado.
Donde nace la calle de Máximo Gómez, en el recodo que allí hace el río y muy cerca de los “chorrerones del hicacal”, también conocidos como “la chata”, existía un remanso del caudal que era ideal para el baño refrescante durante el verano.
Los muchachos acudían reiteradamente al lugar para bañarse y hacer todo tipo de travesuras, bullicio general y proferir todo tipo de palabrotas. Demás está decir que para introducirse en el río se quitaban toda la ropa. El lugar era entonces, a diferencia del presente, despoblado.
En lo alto del barranco de la margen derecha, existía una pequeña finca perteneciente a una señora nombrada Doña Rufina, de rudo aspecto varonil y muy famosa por emplear el hacha y los pesados arados como cualquier hombre. Famosa era también por el inseparable machete que colgaba enfundado en su cintura.
Lo cierto es que dicha señora nunca aceptó el bullicio y las groserías de los muchachos bañándose desnudos cerca de su casa, debido a lo cual los amenazaba constantemente y los perseguía tirándose incluso al río con ropa y todo para llegar nadando tras ellos hasta la margen izquierda.
Durante la huida, los traviesos adolescentes le gritaban improperios que ella también respondía muy molesta, porque estos reiteraban el de “vieja trabuco” aludiendo a su tosquedad física y voz gruesa, lo cual comparaban con un tosco fusil de época de igual nombre.
La reiteración diaria del hecho hizo que todo el pueblo bautizara a ese charco como “la poza de la vieja trabuco” y así se denominó por mucho tiempo hasta que la nombrada señora se mudó del lugar para siempre y la tal poza cayó en desuso al llenarse de sedimentos del río. Hoy nadie se acuerda de ella.

El güije de Sagua la Grande

Por: Lic. Raúl Villavicencio Finalé
La leyenda del charco del güije es la más siniestra de las existentes en Sagua la Grande y la única que aterrorizó la infancia de muchas generaciones de sagüeros y puso en alerta permanente a las madres del poblado.
La leyenda tomó mucha fuerza a fines del siglo XIX después de suceder un hecho que involucró a dos guardias civiles españoles, quienes llegaron un día al pueblo contando como estando en una operación de captura de un bandido por la cercanías del aludido charco vieron a la extraña criatura y que intentaron balearla sin resultado alguno.
La leyenda siguió tejiéndose hasta mediados del siglo XX en que comenzó a desaparecer ante la incredulidad de las nuevas generaciones, pero si recuerdo, cuando tenía unos 14 años, como mi madre se inquietaba cuando le comunicaba mi interés en ir al río, rogándome que no lo hiciera por la amenaza del güije.
Lo interesante de la leyenda resulta que cada persona que aseguraba haberlo visto lo describía de una forma diferente, añadiéndosele todo lo que al narrador de ocasión se le ocurriera: negro-mono, mono de piel lisa, negro con garras, o con escamas, mujer-hombre, etc, etc.
La piedra que está al centro del charco era la preferida, según la leyenda, por el güije para secarse al sol, preferentemente los jueves y viernes santos, días estos muy peligrosos para que los bañistas fueran devorados.
La celebridad del lugar fue tal que hasta una película sobre el tema se filmó en 1909, una de las primeras silentes del país, teniendo también como locación el potrero de Uriarte contiguo a la margen izquierda del charco.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Coco Solo y el cantar de otros Gallos.

Por: Yoel Rivero Marín.
El hombre de los pueblos y barrios siempre fueron objetos de leyendas y anécdotas. Ejemplo es el origen que se le atribuyo a Coco Solo (Barrio sagüero).
Cuentan que hace muchos años este barrio que hoy está poblado, estaba desierto y la única casa que existía estaba habitada por un solo hombre y su único compañero: Un gallo a quien llamaba Coco. Cuando el hombre iba a su trabajo se quedaba el gallo solo y dicen que en una de las ausencias del dueño pasó por allí un amigo de éste quien al ver el gallo le dijo, ¡Pobrecito Coco, solo! Y así fueron conocidos en lo adelante el gallo y la casa al pasar el tiempo cuando se empezaron a construir casas por los alrededores, para dar la dirección se decía: Sabes, al lado de Coco Solo. Con lo que el barrio le queda el nombre. Hoy el Barrio de Coco Solo alberga a más de 5 mil sagüeros y se mantiene creciendo, aún cuando los años 90 frenaran este proceso que promete convertirlo en otro de esos grandes barrios de Sagua la Grande. Otros Gallos cantan hoy en Coco Solo y al pasar por el barrio, como lo hago habitualmente en mi bicicleta, los escucho dar música a la cotidianeidad de la gente que allí habita.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Leyenda del Esclavo

Esclavos libres de la zona de Sagua la Grande.
En un lugar muy próximo a nuestra legendaria y pintoresca ciudad, se levantan algunas lomas y pequeñas alturas que se encuentran cerca del central Purio, en una de las cuales se encuentra una cueva no muy grande. Dentro de esta aparecen diversos objetos de quienes fueron los primeros habitantes de nuestra isla.
Entre estos objetos se encuentran asientos de piedra, bañaderas, tenedores, y sobre las paredes de la gruta aparece la imagen de la virgen tallada en la roca.
Cuenta la historia que hace algunos años, en el interior de dicha gruta se encontró a un moreno que se refugiaba en ella desde la guerra de la esclavitud. Este infeliz se alimentaba de yerba, su cara estaba cubierta de pelos, y sus uñas muy largas y encorvadas. Saltaba y trepaba los árboles con la agilidad de un mono.
Este hombre fue hallado y traído a nuestra ciudad y fue internado en el asilo de ancianos, donde murió poco tiempo después.
La realidad es que la zona fue amplamente habitada por esclavos que escapaban de los ingenios vecinos y existen hoy en la ciudad muchos desedientes de aquellos negros llegados de África.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Leyenda de la Madre de Agua de la Laguna Hoyuelos.

El vizcaíno Ignacio Lohera ocupaba el puesto de encargado de los almacenes de Hoyuelos, cuando la laguna de este nombre se hallaba en su máximo esplendor. Bandas de gansos, garzas y patos adornaban las tranquilas y relucientes aguas de esta legendaria laguna sagüera.
En aquel tiempo cualquier hecho por insignificante que fuera, era recogido por la calenturienta imaginación popular, y transformado a su antojo en hechos de exagerada magnitud que hacía poner los pelos de punta a los crédulos habitantes de este pueblo.
Ejemplo patente de lo anterior lo constituye la bellísima leyenda que rodea la laguna de Hoyuelos. Decía esta leyenda que “todo aquel que penetraba en esta, desaparecía para siempre”. También se afirmaba que una yunta de bueyes había desaparecido en sus aguas.
Aunque nadie había visto al monstruo, muchos afirmaba que se trataba de una serpiente de gigantescas proporciones, mientras que otros achacaban las desapariciones a una madre de agua, que como una sombra negra se llevaba sobre la superficie de las aguas y devoraba todo cuento encontraba en su camino. Esto último era sostenido por Juan Hoyuelos, moreno que vendía por las calles de la población el agua extraída del aljibe de los almacenes, quien aseguraba haber visto la espantosa madre de agua en varias ocasiones.
Los viejos y aún los jóvenes escuchaban con atención las fantásticas narraciones del moreno Juan y adornándolas con algo de su propia cosecha, las repetían más adelante.
Lo verdaderamente extraño de este caso, es que, aunque nadie había visto ni la madre de agua ni la serpiente gigantesca, todos los habitantes de nuestro pueblo estaban materialmente seguros de la veracidad de las afirmaciones del moreno, y sentían verdadero terror por la laguna de Hoyuelos.
Lo que constituye la única verdad de esta leyenda, es que nadie se aventuraba a penetrar en las aguas de la laguna, y aun hoy los pocos que lo hacen, en lo que queda de ella, experimentan cierto temor por la madre de agua que existe según la leyenda.

Leyenda del Arroyo Ternero

Cerca del barrio La Jagüita existe un bello arroyo que en la serenidad de sus aguas oculta su perfidia por entero. Bello, sí, para aquel que su vista recree en él, pero para el desventurado que atraído por sus dotes naturales ose penetrar en él por cualquier motivo, para ese pronto se revela toda la maldad y el veneno, el castigo por decirlo así, que envuelve a ese arroyo a simple vista maravilloso.
Al fatal arroyo al ser creado por el ser supremo, le fue asignado un terreno de fango movedizo que no resiste el menor peso. Cierto día un campesino que hacia el viaje con cuatro bueyes tirando de una carreta cargada de caña, e ignorando la consistencia del terreno, se aventuró a atravesar dicho arroyo. Tan pronto como el infeliz hombre acompañado de sus cuatro bestias con el cargamento penetró en el arroyo, comenzó a hundirse lentamente en el lodo.
Todas las esperanzas eran vanas, todos los esfuerzos realizados por ese hombre y sus cuatro bueyes fueron estériles, pues a medida que hacían o buscaban algún modo de librarse de la muerte que los acosaban para aventurarlos en su seno, solo conseguían enterrarse más y más. Y así poco a poco, enloquecidos hombre y animales por el dolor que les ocasionaba ver cómo iban a ser sepultados vivos, fueron desapareciendo totalmente.
Mucho se habló de este suceso dramático, pero como todas las cosas, al cabo del tiempo nadie más se acordó de este episodio. Hasta un día que un caminante acertó a pasar por dicho arroyo y veloz corrió despavorido dando gritos de horror. Al llegar dicho personaje donde otras personas y ser interrogado acerca de la causa de su pavor, el sujeto respondió que al llegar al arroyo había visto cómo un hombre acompañado de cuatro bueyes y una carreta se hundían en el fango haciendo esfuerzos supremos por salvarse.
Después de esto otros viajeros han afirmado ser testigos de la misma escena. Hoy años han pasado, pero el hecho no se ha olvidado como antes, pues queda ahora esta triste leyenda que viene a recordar a todos el triste fin de estas víctimas.

Leyenda de la Poza de la Vieja Trabuco.

Es este el nombre que recibió y aun conserva un pequeño tramo del río Sagua, en su margen derecha y muy cerca de los chorrerones del Hicacal, donde sus aguas forman un recodo para que el cauce bordee la parte sur de la población.
En este lugar formó el río un remanso, facilitando así un excelente baño a los muchachos que se unían diariamente formando grupos en busca de los deleites de las aguas del Undoso y de la víctima de sus maldades. Vivía allí una campesina de alma varonil, cuya diversión era derribar con su hacha el árbol del tronco más grueso, y arar las tierras con el arado que mayor surcado hiciera.
Comienza así el nombre del remanso: Poza de la vieja Trabuco, por que comienzan también los episodios que se recuerdan aún: La vieja Trabuco y los traviesos muchachos, encontrando ellos en dicha poceta el centro de sus diversiones como nunca pensaron hallar en un baño natural del río Sagua.
Muy cerca de la poceta comenzaba una pequeña finquita propiedad de esta rara campesina, que aunque rara, se ocupaba solo del bienestar de su escasa familia y de los cultivos que en sus tierras realizaba.
Comenzaron los sucesos, porque no haciendo caso los muchachos que allí se bañaban a la poca distancia que los separaba de la casa de la campesina, se bañaban sin otro traje que la piel al aire libre. Aquí empezaban los retozos que ellos mismos formaban, tales como el de “la corúa”, y así llevaban a cabo algunos más. Otras veces corrían por las orillas diciéndose toda clase de palabras mal oídas, hasta que llegaban a oídos de doña Rufina que así se llamaba, molestándola de tal modo que no podía menos que acudir a donde los bribones se bañaban, yendo con su indumento propio: zapatos de baqueta y machete en la cintura; los amenazaba, les repelía las palabras, y muy a menudo tenía que darse un baño nada refrescante, porque los perseguía hasta que se perdían de vista, después de decirse las injurias propias del caso, teniendo doña Rufina que cruzar la poceta a nado.
Estos espectáculos incitaban la maldad de los canallas quienes no faltaban un solo día a la poceta para evitarle a doña Rufina TRABUCO, sobrenombre que le asignaron por su voz fuerte y ronca y por las amenazas de que los hacia objeto.
Así fueron sucediéndose día a día dichos sucesos, hasta que algún tiempo después, quizás por este motivo, quizás por otro, doña Rufina Rodríguez tuvo que abandonar su finquita e irse lejos de quienes le proporcionaba tan malos ratos y tantas maldades que no merecía.
Ha seguido con el nombre de La poza de la vieja Trabuco solamente el lugar, porque la poza no existe, rellenada por la deposición de las aguas del río, y en la brillante finquita que cultivaba doña Rufina, solo quedan para no olvidarla, algunos árboles que ella con su arado y su machete plantó.

viernes, 10 de octubre de 2008

La leyenda del Sábalo en el Río Sagua la Grande.

El caudaloso río Sagua tiene su parte más profunda al comenzar la calle Colón, antiguamente calle Real, y era aquella parte profunda del río la que los antiguos sagüeros llamaban “Charco del Sábalo”. Entre ellos había la creencia de que allí habitaba un sábalo de grandes dimensiones; muchos pescadores que lo vieron le calculaban un tamaño y peso enormes.
Era un pez que no intentaba hacer daño, jamás hizo mal a alguien y cuando estaba cerca de la orilla o en la superficie del río y se aproximaba algún hombre o animal, el ruido de las aguas denunciaba que un cuerpo de gran peso se revolvía en ella, y lentamente se alejaba, calmándose las aguas.
Durante el día se ocultaba en la oscuridad que proyectaban los güines que crecían espesos en la orilla del río, o debajo del cantil que tenía el charco en su parte más profunda.
Aseguraban los vecinos que de noche se oían grandes bufidos que daba el animal al salir de las aguas.
Cuando perseguía a una lisa u otro pez para alimentarse y se acercaba a la orilla por “Paso Real”, la ola o marejada que levantaba en las aguas era sorprendente.
Varias personas intentaron pescar al sábalo, pero él no le hacía caso a la carnada que le tiraban. Un día un pescador famoso, y gran nadador sagüero llamado Pepe Artigas, se propuso pescarlo, pero con un arpón. Cuando lo tuvo al alcance de su poderoso y certero brazo, el taimado sábalo le dio un coletazo al agua empapando al pescador, y lo único que este pudo lograr, fue arrancarle una gran escama, que era del tamaño de un plato pequeño.
Parece que con el transcurso de los años el sábalo, aprovechando una de las crecidas del río, se fue al mar y no se le vio más. El único recuerdo que se guarda de esta leyenda, es el nombre que se le dio a ese lugar del río: El Charco del Sábalo.


La leyenda de Cayo La Vela

Al este del bellísimo puerto de Isabela de Sagua y a quince millas de distancia se encuentra situado un solitario cayo nombrado La Vela. Este cayo solitario y aterrador a la vez, ha servido y sirve aún de refugio a los marinos cuando las tempestades los han sorprendido en las inmensidades del mar.
Desde tiempos remotos las mentes de nuestros hombres, impulsados por la sed incontenible de oro, idearon el medio de poseer dicho tesoro, ellos se fundaban en que los corsarios y piratas, después de prolongadas expediciones, utilizaban inteligentemente los lugares apartados y solitarios como es el caso de este cayo, para sepultar el botín del que se apoderaban. Por esta razón también se le conoce como cayo del tesoro.
La superstición de nuestros convecinos llegó a tal grado, que todas sus conversaciones se relacionaban con el tesoro del cayo. Los marinos contemplaban sobre cubierta las bellezas de las aguas y como si estas, conocedoras de que su pensamiento era para el capital del cayo, tal parecía que sus olas convidaban con ecos murmurantes a que no se arrepintieran y siguieran adelante, para que sus ambiciosos pensamientos se convirtieran en palpable realidad.
Muchos de ellos, sugestionados por esta idea, encontrándose próximos al cayo, habían oído voces de seres del más allá que los incitaban a que hiciesen excavaciones para que se apoderasen del ansiado tesoro. ¡Hasta hora determinada les fijaban! Como las 12 de la noche, hora que según personas supersticiosas es la marcada por esos oscuros seres para venir a contemplar las bellezas de nuestro mundo.
En la actualidad el cayo de la leyenda es un pedacito de tierra solitario en el medio del mar, sirviendo de albergue a pescadores y carboneros que acuden a él como medio de refugio para realizar su trabajo.
Quedarán hasta la eternidad las excavaciones realizadas en aquellos tiempos por las manos vulgares de ambiciosos de oro.

Sagua la Grande tiene su "Hotel Embrujado".


Esta es la leyenda de un Hotel deshabitado que existe en la calle Carmen Ribalta, frente al parque “El Escolar”. Hace años vivían en el hotel innumerables personas, pero poco a poco el hotel fue decayendo más y más hasta que quedó vacío. Solo personas deseosas de la soledad vivían en él.
Cierta vez se mudó allí un hombre cuyo nombre desconozco, pero que las personas le llamaban “Panterita”. Este, junto con su amante se hospedaron largo tiempo en dicho hotel. Sucedió que un día Panterita sospechó que su amante le era infiel, hasta que llegó a lo cierto. Una noche en su cuarto la llamó, le echó en cara su infidelidad y dándole terribles puñaladas la mató.
Esta, al sentirse herida, gritó espantosamente. Los vecinos al oírla llamaron a la policía que al llegar encontraron solo el cadáver de la mujer, pues él había desaparecido.
Por este hecho se asegura que en esa casa se oyen gritos iguales a los lanzados por la víctima y es motivo para que nadie quiera vivir en dicho edificio.
Hace unos meses vivió allí una familia que, al mudarse, aseguró que en dicha casa existían almas en pena. Hoy, aún cuando las familias que viven allí no creen ni en fantasmas ni en aparecidos, todo el que pretende mudarse para el mismo lo piensa más de una vez, no sólo por el deterioro del inmueble, sino porque aún continúa la leyenda de los terribles gritos que se escuchan en la media noche.


sábado, 13 de septiembre de 2008

Leyendas de Sagua la Grande (El Güije)

"EL CHARCO DEL GÜIJE"
Una de las leyendas más siniestras de nuestro pueblo de Sagua la Grande que nos aterrorizaba cuando niños y que aún hoy nos estremece en recuerdo de los días de nuestra infancia es "El Charco del Güije".
Según cuentan en éste lugar cerca del barrio de guatá, en el cual el río tiene su mayor profundidad, en donde la naturaleza se revela en todo su esplendor y el agua se desliza entre peñascos en los cuales se rompen en murmullos las aguas cristalinas, para después como torrentes precipitarse en un hondo charco, en cual la fantasía popular ha dado en decir desde más de dos generaciones, que además de las jicoteas, anguilas y otros peces que viven allí está habitada por un menstruo que devora a todo el que se bañe en él, dejando como único indicio un reguero de sangre en la superficie. ¿Cómo es este monstruo?. Al decir de los que le han visto, mezcla de hombre y mono, con garras muy poderosas, dientes afilados, piel lustrosa sin pelo, en fin, lo que la pintoresca imaginación del que hacía la descripción se le ocurría.
También decían y aún hoy se dice, que los jueves y viernes santos es cuando de entre las aguas a calentarse al sol y que persona que viera, caía en sus garras para siempre.
Así ha seguido la tradición y es por eso que en esta parte del río jamás se baña nadie y que personas respétales, tales como los capitanes José Vicente y Francisco Almeida, con motivo de estar persiguiendo a un bandido, dijeron que habían visto al Güije, que al verlos se zambulló en el charco lanzando siniestros gritos y que por más que intentaron matarlo no pudieron.

Leyendas de Sagua (La India Sención)


“LEYENDA DE LA INDIA SENCIÓN”


En un bohío de yagua y guano construido en un pintoresco lugar próximo a la laguna, habitaba una familia de color compuesta del padre, la madre y una hija. La muchacha llamada Ascensión o cariñosamente Sención era joven de 16 a 18 años, un hermoso tipo de mujer mestiza, de carácter indómito y soberbio. Sus rasgos fisonómicos denunciaban en ella la mezcla de la raza europea, africana e India. India la llamaban por negrura y brillantez de su cabellera lacia que peinaba en hermosas trenzas que caían graciosamente sobre los hombros.

Esta familia para todos desconocida, había llegado a Sagua en tierra adentro para alejar a la linda muchacha de enamorado galán que a los padres disgustaban.

Pronto descubrió el joven enamorado dónde escondían a su amada y vino a verla. Junto a la laguna los jóvenes se contaban sus amores, cuando la madre de la muchacha les descubrió y sorprendida e indignada les reprochó duramente. El joven escuchó el reproche sin protestar y se marchó enseguida, no así Sención que violenta tal vez sintiera en ella la rebelión y fiereza de tres razas, con sus ojos negros brillantes de ira le gritó a su madre con dureza:

Mamita, su merced me ha abochornado y no va a hacerlo nunca más.

Diciendo esto descargó su mano abierta sobre el rostro de su madre.

Al contestar la madre: - hija maldita. “Dios te va a castigar... ” Ocurrió algo inexplicable o milagroso: Sención no podía retirar su mano de la cara de su madre. Todos los esfuerzos fueron inútiles, la mano estaba adherida al rostro de la anciana.

El padre afligido acudió a su curandero, el de más renombre que era el que era el acudía en casos graves.

Era preciso cortar la mano o el rostro de anciana para terminar aquel martirio. No halló otra solución el curandero que amputar la mano por la muñeca a la joven y así lo hizo. La muchacha sin exhalar una queja resistió impasible la operación y terminada ésta, marchó a la laguna en cuyas aguas desapareció.

Muchos años después la infeliz madre habitaba sola en su casita, tejiendo sombreros finos de yarey, en lo que era muy experta, mientras en el lado izquierdo de su cara continuaba adherida la mano de su hija, que con el tiempo había tomado un tinte rojizo.

Todos los viernes primeros de luna, a las 12 de la noche se veía el alma de Sención emerger de las aguas de la laguna más pálida y esbelta que nunca, con sus trenzas caídas sobre los hombros como las usaba cuando vivía y sus brazos abiertos hacia el cielo como si implorase misericordia y en el lugar de la mano derecha el muñón envuelto en gasa que le pusiera el curandero.

Este hecho ocurrió recién fundada Sagua, en un lugar próximo a donde se alza la estación de ferrocarril por los años 1814 al 1816.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Leyendas de Sagua la Grande (Tesoro de los Mogotes)

“LEYENDA DE LOS TESOROS DEL MOGOTE”
Por: Yoel Rivero Marín.

Cuenta la historia que allá por el siglo XVI los mares de las Antillas estaban llenos de corsarios y piratas que llevaban a cabo innumerables correrías causando muchas víctimas (...) los piratas que poseían una formidable astucia, se apoderaban de preciados botines, los cuales nos cuenta la leyenda, ocultaban en refugios seguros en la línea de la costa de las islas que ellos recorrían con frecuencia. Cuba fue una de las más visitadas por esos intrépidos aventureros y esto da lugar a que la leyenda envuelta en su malla misteriosa “La Loma del Mogote” que se levanta al oeste de la ciudad de Sagua la Grande, es un lugar según cuentan, que fue varias veces frecuentado por piratas que guardaban sus tesoros en las excavaciones naturales que presenta y ésta tesis es confirmada también por un corte vertical, visto desde el mar, que hace esta forma en su septentrional que según la leyenda fue cortada a pico por los piratas para depositar allí el botín y enterrar a las víctimas que casi siempre ocasionaban cuando ellos atacaban un lugar (...).

Cierta vez los piratas llegaron a las lomas de Mogote a depositar uno de sus tantos robos, el bergantín en el cual viajaban estaba cargado de oro producto quizás de un saqueo, y el capitán dio orden de esconder el tesoro y cuando estuvo bien oculto todos volvieron a la embarcación menos el segundo, lo que hizo suponer que se había extraviado, pero el capitán que era hombre listo acostumbrado tal ves a las traiciones de sus compañeros, enseguida supuso que el mismo se había ausentado con el fin de apoderarse del tesoro y por éste motivo dio orden a diez de sus hombres bien armados de fusilarlo en cualquier lugar en que se encontrara, pero, pronto ¡Oh sorpresa! Se vieron rodeados por una banda de bandoleros y comenzó la batalla entre ambos grupos.
La suerte no favoreció esta vez a los piratas los cuales fueron vencidos en la sangrienta batalla y se dispusieron a huir. En la retirada pudieron observar que el segundo era el capitán de los bandoleros. Muchos afirmaron que así fue, pues éste se había separado de sus compañeros con el fin de apoderarse del botín que consistía en onzas, medias onzas y doblones, otros opinan que se extravió encontrándose con los bandoleros a los cuales para salvar su vida dijo que lo acompañaran y se repartían el tesoro equitativamente pero lo que resultó fue que el segundo siguió por mucho tiempo en la banda y como era astuto se apoderó del tesoro separándose de los bandoleros, separándose de los bandoleros, comprando un bergantín para volver de nuevo a la piratería (...)